El universo impertubable de Esther (segunda parte)

En la anterior entrada de nuestro blog, pudimos leer la primera parte del reportaje “El universo impertubable de Esther“. Estamos muy contentos por haber publicado esta maravillosa historia, y queremos volver a agradecer a Esther, Olga, Luciana, Yasmina,… por habernos dado la oportunidad.
La capacidad de los sentidos
Las asignaturas de Esther se basan en la estimulación de los sentidos: plástica, música, informática, actividades manipulativas, paseos en el patio, psicomotricidad, juegos sensoriales… A veces, no todos estos sentidos siguen vivos en sus cerebros desconectados. A Julia, por ejemplo, le falla la vista.

La actividad de esta tarde es la Torre multisensorial. Dispone de diversas estimulaciones, como la proyección de figuras y colores, una música relajante, cables de plástico con lucecitas y burbujas de agua que se elevan por el tubo. Sólo hay una torre en todo el centro. La compraron hace dos años y los 6.000 euros que costó dejaron a la escuela sin recursos para adquirir más material. La crisis hace que las dificultades para ejercitar a estos niños sean constantes. 
Mientras Fiona prepara la actividad, Esther me sorprende. Durante el día, me ha cogido confianza y me he convertido, realmente, en su sombra. Ahora se me ha acercado y se ha dejado caer sobre mis piernas. La tengo sentada encima de mí, le hablo pero no me escucha. Sin embargo, me llena la cara con sus besos particulares. No he podido evitar cogerle cariño y si, a primera hora, no sabía cómo actuar con ella, ahora soy capaz de cogerle de las manos y ser su guía.

Las clases finalizan a las 16,30 y para ello, Fiona pone la “Cançó de l’adéu”, para que los niños la asocien al final de la jornada.

Tarde en casa
Hoy quiero hablarle a mi niña callada,
hoy quiero hablarle a mi pequeña Esther
a mi niña pensativa en su mundo cerrado y especial
a mi niña distraída con su mirada triste y angelical.
Son sólo unos versos del poema que el tío Ramiro dedicó a su sobrina. “Cuando ocurre algo así quieres que la familia vuelva a ser la de antes”, me confiesa Olga. Con suerte, todos sus  familiares se han volcado para que puedan salir adelante. El papel con el poema está colgado en la nevera, junto a “Oda a mi pequeña” que Yasmina, con apenas 13 años, escribió a su hermanita. Fue un duro golpe para ella: “Dejó de tenerla. Esther no sabe decir ni su nombre ni tata”. Olga no quiere pensar en qué pasará cuando ellos le falten y Yasmina no duda en que ella se hará cargo de la pequeña de la casa.
Para la merienda, Olga saca unas cartulinas plastificadas con pictogramas: una natilla, un yogur, una galleta… Se trata de una técnica que su logopeda, Sergi, está intentando probar con Esther. Olga las enseña a su hija, y ella da golpecitos con ímpetu en una de las fotos: “Es para comprobar si puede comunicarse, pero yo no sé…”.

Compartir la situación con otros padres les ha ayudado a salir adelante. Todos han vivido momentos duros: “Vamos de entierro más de lo que nos gustaría…”. Al esfuerzo físico que comporta cuidar de una persona dependiente se suma un sacrificio emocional: “Hay veces que la ves conectada y parece que te quiera hablar… pero el neurólogo tiene razón, no necesita logopeda, no es un problema vocal o de la lengua, es su cerebro”, se sincera Olga. “Te dicen que posiblemente sea consciente de que somos su mamá y su papá. Pero si la dejo contigo se haría a ti. Y seguiría diciendo papá y mamá, porque es lo único que sabe decir…”.

Poco queda del día. Dejo solas a Esther y Olga, que dentro de poco cenarán, y vuelvo a las calles repletas de normalidad. Mañana Olga, Fiona, Pilar, y compañía, volverán a levantarse, como cada día, para cuidar y no perder de vista, ni un segundo, a esa niña de cabello rizado y mirada de bebé.

Luciana Capano.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Anónimo

    Habeis repetido el parráfo que empieza: "Son sólo unos versos del poema que el tío Ramiro dedicó a su sobrina…"

Deja una respuesta