¿Por qué engañamos al médico?

¿Por qué engañamos al médico?

Ya sea por vergüenza, por falta de confianza, por miedo a escuchar el diagnóstico o por relativizar nuestras dolencias, lo cierto es que muchas personas tienden a mentir en la consulta del doctor. ¿Por qué engañamos a la única persona que puede ayudarnos, aún cuando tenemos alguna dolencia que queremos solventar?

Un elevado número de personas tiende a mentir en la consulta del médico. Aunque parezca contradictorio, muchos pacientes son incapaces de sincerarse con su doctor y explicar qué es lo que realmente les sucede, qué síntomas presentan o cómo se sienten física y emocionalmente. ¿Cuáles son los factores que hacen que los pacientes a veces actúen de esta manera?

Ser sincero es imprescindible

Obviamente, para que un doctor pueda ejercer su labor y emitir un diagnóstico fiable es fundamental que el paciente se muestre comunicativo y dispuesto a colaborar. Habitualmente, la primera pregunta que nos plantea el médico es: “¿Qué le sucede?”. Y es precisamente en ese momento en el que nuestro papel es crucial para que el doctor pueda averiguar qué es lo que nos ocurre y nos pueda proponer un tratamiento efectivo.  

Aunque parezca evidente, mucha gente olvida que la única persona que nos puede ofrecer un diagnóstico verdadero con una solución personalizada es la que tenemos delante y, en lugar de ser sinceros, apuestan por mentir. Determinados pacientes, en un inicio, simplemente aseguran sentirse bien, sin ninguna dolencia especial. Pero a medida que avanza la visita y la confianza entre doctor y paciente aumenta, van verbalizando los síntomas o las molestias que presentan. Otros, para conseguir la baja médica o llamar la atención, afirman tener síntomas falsos. ¿Por qué no somos sinceros?

Lo que nos lleva a mentir

Los motivos por los que una persona puede llegar a maquillar la verdad, omitir

información sobre su estado o, directamente, mentir a un facultativo son numerosos y están producidos por distintas razones. Sin embargo, casi todos ellos tienen que ver con factores psicológicos o emocionales, que le afectan en mayor o menor grado:

  • Olvidar la confidencialidad: Al entrar en la consulta tenemos que recordar que todo lo que contemos será confidencial y quedará entre médico y paciente. Es lo que se conoce como secreto profesional. Y es que los médicos, por ley, no pueden vulnerar la intimidad de sus pacientes. Tenerlo en mente nos permitirá tranquilizarnos y ser sinceros. Con ello, sin duda, obtendremos un diagnóstico mucho más acertado.
  • Falta de confianza: Decir la verdad no siempre es fácil, y menos a alguien a quien casi no conocemos. Y lo cierto es que del médico solemos saber más bien poco, ya que no conocemos su vida, sus gustos, sus ideales… y no hemos compartido vivencias con él, más allá de las relacionadas con la medicina. Por eso, a algunas personas les resulta complicado sincerarse con su médico. Un buen doctor suele ser capaz de ganarse la confianza de su paciente mostrándose cercano y afable, preguntando y comunicando el diagnóstico con prudencia y, sobre todo, con empatía. 
  • Vergüenza y pudor: Ciertos síntomas son difíciles de confesar, especialmente los que hacen referencia a problemas íntimos o que afectan a determinadas partes del cuerpo. Explicar de buenas a primeras que creemos tener una infección, dermatitis u hongos, entre otras afecciones de índole similar, no siempre es fácil. Se nos olvida que los médicos están acostumbrados a diagnosticar todo tipo de enfermedades y que no están ahí para juzgarnos, sino para ayudarnos. Lo mismo ocurre cuando el diagnóstico requiere un reconocimiento físico. El pudor a mostrar nuestro cuerpo puede llevarnos a mentir sobre cuál es nuestro estado de salud, aún sabiendo que eso puede dificultar la tarea del médico.
  • Miedo: A veces, la mentira es fruto del temor a padecer una enfermedad grave. Sin embargo, si realmente estamos preocupados por nuestra salud, lo vital es ir con la verdad por delante y conseguir que el médico llegue a un diagnóstico lo antes posible. En muchos casos detectar una enfermedad a tiempo puede llegar a salvarnos la vida.
  • Interés: Algunos pacientes mienten sobre su salud inventando falsos síntomas. Su objetivo es conseguir determinados medicamentos -porque han oído que ciertos productos eliminan líquidos, adelgazan o estimulan-, incluso sabiendo que el consumo de esas sustancias puede ser extremadamente perjudicial para su organismo, llegando a causar problemas hepáticos, cardiacos o de tiroides. También es frecuente mentir para obtener la baja médica laboral, algo que puede acarrear graves consecuencias si se descubre el engaño.
  • En el caso de los más pequeños, los médicos también tienen que ir con cuidado, porque a veces explican que les duele alguna parte del cuerpo, cuando en realidad lo que quieren es tener una excusa para no ir a la escuela. Esto es muy común cuando el niño tiene algún problema en el colegio e intenta ingeniárselas de todas las maneras posibles para no ir, por ejemplo cuando sufre acoso escolar.

Consejos para ser comunicativos

Si te cuesta sincerarte con tu médico, ten en cuenta estas recomendaciones:

  • Mentalízate de que el médico es una mano amiga. Cuando acudimos a una consulta debemos tener muy claro que si alguien nos puede ayudar es precisamente el doctor. Él o ella es quien detectará la enfermedad que nos afecta y quien nos dará la cura para que nos sintamos mejor y recuperemos el preciado bienestar.
  • Confía y sé sincero/a. Para evitar mentir o esconder información tenemos que confiar en la otra persona y recordar que todo lo que le contemos será confidencial y permanecerá bajo secreto profesional. Por este motivo, estar tranquilos nos ayudará a explicar lo que nos sucede.

Planifica el qué y el cómo. En cualquier situación comunicativa es tan importante lo que contamos como la manera en que lo hacemos, las palabras que usamos para describir cómo nos sentimos. Por este motivo, es fundamental saber explicar al médico lo que nos sucede y hacerlo con claridad para que nos entienda correctamente sin inducirlo a errores. Para ello, antes de entrar en la consulta, resulta ideal planificar lo que queremos decir e intentar estructurar de la mejor manera posible la información y los detalles que queremos expresar.

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